42. VENTA DE SERVICIOS PROFESIONALES
VENTA DE SERVICIOS PROFESIONALES
Dr. Jaime
Otero M.
Dr.Jaime
Otero M.
La economía mundial se mueve entre
dos grandes grupos de actividades: la compra-venta de productos y servicios.
Como “producto” se define a los objetos que ponen a nuestra disposición las
industrias (televisores, automóviles, grúas, muebles, etc.). Como “servicio” se entiende toda aquella actividad que busca el bienestar del hombre
(medicina, comunicaciones, hotelería, transporte, etc.) y que generalmente
llega a nuestras manos a través del comercio o de centros especializados de
diversa índole dedicados a ello.
Es factible aceptar y con el fin de no generar
polémica innecesaria, que los productos “ se venden ” y que los servicios “ se
prestan ”, pero para adquirir a cualquiera de ellos, productos o servicios,
debe existir dinero de por medio. En síntesis, a nuestro modesto entender, ambos
“se venden”.
La
profesiones médicas se encuentran ubicadas en el área de los servicios de
salud. Su ejercicio o práctica consiste en ofrecerlas a las personas (enfermas o no), buscando una mejora en su calidad de vida y lograr que
adquieran o "compren” aquello que se les ofrece por que sin pacientes o
clientes, no hay ejercicio de la medicina. Por ello se considera a la
Medicina, Odontología, Farmacia, Biología, Medicina Veterinaria y a las demás
ciencias de la salud, en el área de la venta de servicios de salud.
“Vender un
servicio” constituye un acto muy particular, ya que diversos factores
intervienen en su prestación. Algunas personas piensan que es más fácil vender
un producto que un servicio y estoy en gran parte de acuerdo con ellas. Un producto
es un bien tangible que el comprador puede ver, tocar, probar y aún usar
antes de adquirirlo. Si Ud. desea comprar un televisor, se puede sentar
delante de él antes de comprarlo y analizar la fidelidad de su imagen, la
calidad del sonido, etc., etc. Puede comparar objetivamente sus
características y anotar las ventajas que tiene, diferenciándolo con uno de
otra marca y de la misma categoría y similar precio.
Con los
servicios no sucede lo mismo, ya que el cliente primero tendrá que viajar en un
avión para conocer si la atención que da el personal de la línea aérea es el
adecuado a sus gustos o preferencias, si le resulta cómodo viajar en esa
empresa, poder comprobar directamente y luego de usarlos durante 6
a 8 horas la mullidez y la separación entre los asientos y que le resulten
agradables, si al final del viaje se siente satisfecho con lo recibido y
sobre todo, con deseos de volver a viajar por la misma companía. Una comida
fria o una aeromoza no cortés por que está con fiebre, le pueden arruinar todo
un viaje. La empresa pudo haber gastado millones en publicidad para atraerlo
como cliente, pero Ud. tiene todo el derecho del mundo de decidir no viajar
nuevamente por la misma compañía por que “ el aterrizaje fue muy brusco ” o por
que “ no había una segunda frazada para los pies ”. Por eso “ el arte de vender
servicios, es todo un arte ”. Algunos servicios son más difíciles de vender que
otros, por que producen diferentes grados de satisfacción. Un servicio
mortuorio nunca se paga con agrado, pero hay que utilizarlo. Un servicio
turístico es comprado de muy buena gana.
Respecto a
los servicios, el cliente es parte fundamental del proceso de su prestación,
contrariamente a lo que sucede con los productos. Ud. es sólo parte “
indirecta ” en la venta de un producto por que dispone de una
cantidad de elementos “ objetivos ” para decidir una transacción o para volver
a comprar en el futuro ( para Ud. o recomendándoselo a terceros) un
segundo o tercer producto con las mismas características.
La
satisfacción, “su satisfacción” al adquirir un producto
trasciende el momento de la compra, por que la durabilidad, la eficiencia y
oportunidad del servicio técnico que le dispense el fabricante y otros más, son
parte del producto, “son elementos indirectos y complementarios al bien,
pero no son parte sustancial del mismo.” En lo relativo a los servicios, Ud.
sí es parte integral del servicio por que su estructura y sus
objetivos buscan directamente que le generen utilidad y comodidad o
bienestar, por que los servicios han sido ideados para lograr su
satisfacción, mejorando su calidad de vida.
En lo
relacionado a productos, Ud. como cliente interviene en el acto de la
compra, pero no lo hace en el proceso de fabricación. Su intervención en el grado
de éxito de un producto es indirecta, por que el fabricante elabora sus
productos de acuerdo a determinadas características técnicas ( que lógicamente
buscarán la preferencia de la gente ) y lo ofrece al público.
Cierto es que los productos se elaboran de acuerdo a los gustos o exigencias de
las personas y que cada quien es libre de realizar una compra. Si no
halla satisfacción o no es de su agrado, puede devolverlos, pero un servicio no
se puede devolver, pues Ud. los usa o consume en su integridad, disfrutándolos
o no, aceptándolos o no.
Si a Ud. no le agrada la consulta de un médico, es
lamentable decirlo, pero ya la recibió. Si no le agradó una estadía en un
hotel, ya no puede devolver los servicios recibidos, buenos o malos. Nunca se
puede volver al pasado o al momento de inicio de la prestación.
Como las
personas tienen características socio-culturales distintas que hacen que sus
niveles de expectativa y satisfacción sean diferentes, un mismo servicio puede
ser muy satisfactorio para una persona y no serlo para otra. Ir de vacaciones a
una playa, en un mismo hotel, puede producir diferente sensaciones en dos
personas, aún siendo de una misma familia y suponiendo que ambas tienen el
mismo nivel de preferencias y de exigencias. Si una de ellas tuvo la suerte de
disfrutar unos días radiantes de sol y la otra tuvo unos días de tormenta, el
grado de satisfacción ante el gasto efectuado, no será el mismo. No depende
sino de la naturaleza, pero ambas recordarán diferente su viaje de vacaciones.
Si esta
diferencia de sensaciones es debida al clima, aquella persona que no la pasó
bien podrá culpar de todo a su mala suerte, pero igual contará que no regresó
contento. Si en vez de haber fallado el clima, en los días en que estuvo en el
hotel se produjo un problema con el agua o con la comida o si el
Administrador estuvo de vacaciones y quien lo reemplazó no lo hizo bien, el
cliente hablará diferente de su experiencia, por que habrá recibido un servicio
deficiente. En ambos casos su disgusto será por razones diferentes, pero igual
no recomendará con énfasis para que nadie vaya a tal playa o a tal hotel.
Con el
mismo Administrador, sin problemas de agua ni con la comida, a dos personas les
parecerá diferente la misma playa si es que le tocaron diferentes sillones de
arena, cuando estaban haciendo la siesta junto al mar o si el mozo que los
atendía a uno de ellos no era tan amable como quien atendió al otro. Nunca fue
problema de la playa, sino del entorno.
Las sensaciones del cliente influyen
tremendamente en el grado de satisfacción que un mismo servicio produzca y las
circuntancias que envuelven al mismo, muchas de ellas muy difíciles de
controlar, podrán hacerlo placentero o desagradable. Lo mismo nos puede
pasar en un consultorio médico. Una señorita bien educada producirá un concepto
diferente que otra que no lo es. La manera como se cobra un honorario
médico, tiene gran influencia en la actitud para pagarlo y aún para recomendar
al médico.
Realmente
la venta de servicios no es algo simple. De igual manera que una venta no
termina cuando la persona compra un producto, para los pacientes o clientes es
difícil pagar con agrado lo relativo a la salud, por que la sociedad la
considera como un bien terciario. Uno se enferma “por mala suerte” y a nadie
le gusta destinar su dinero (el básico o el remanente) para pagar un análisis
de sangre, una radiografía, una extracción o una Endodoncia. Inclusive
muchos servicios médicos tiene lo que en Marketing se denomina como de “demanda negativa”, es decir que se pagan con franco desagrado. Gastar en
unas vacaciones en el Caribe todos loas pagamos con gusto y no así una
operación de apéndice.
Imagínese Ud. lo que hablará un paciente de su
consultorio médico si vino por primera vez “ese día” que Ud. estuvo de mal
humor porque tenía cefalea, que no vino la Secretaria, que se dañó la
compresora de aire si es dentista, o no funcionó el sistema de luz de su
lámpara de examen, que se le acabó el stock de medicamentos de gran venta, si
no vino el asistente para su consultorio veterinario, si el paciente anterior
debía traerle dinero y no lo hizo y que para colmo de males, nadie le
había dicho que se habían acabado los baja lengua, las resinas para
obturar dientes o el anestésico para animales menores. La impresión de la
calidad del servicio brindado por Ud. ante los ojos de ese “pobre paciente”,
que lo vio muy serio, con cara de pocos amigos y sin ninguna
sonrisa, no será buena de ninguna manera. Le será difícil seguir
atendiéndose con agrado en su consultorio.
Para prestar un servicio
se necesitan dos participantes: el profesional y el paciente, ahora llamado
como “cliente” en toda obra de Administración o Marketing. Sobre ellos, los
pacientes, seguiremos comentando en futuras colaboraciones.
dirección de los autores:
ejerciciodelaodontologia@gmail.com
jotero@odontomarketing.com
Lo expresado en este escrito, fue incluido en material de estudio entregado a los asistentes a nuestros Cursos de Post Grado de 18 meses de duración, que ofrecimos durante 5 o más años.
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