7. ES DIFÍCIL SER DENTISTA



ES DIFICIL SER DENTISTA ”

Dr. Jaime Otero M.

(Trabajo publicado en la Revista "VISION ODONTOLOGICA " de la Asociación de Estudios e Investigación Odontológica de Bolivia. La Paz, Año 1 Agosto 1994, ps. 25‑31)

En diversos aspectos, la Odontología es sumamente agradable para muchísimos de quienes la hemos escogido como modo y medio de vida, pero no es simple ejercerla porque existen una serie de factores que a veces complican nuestra actividad profesional.

Para lograr el éxito y obtener un buen nivel en nuestro ejercicio, todos hacemos a diario nuestro mayor esfuerzo profesional y personal, deseando  que la atención que brindamos a todos nuestros pacientes sea siempre de la mejor calidad posible. Constantemente buscamos el bienestar y la satisfacción de quienes acuden a nosotros y nos hemos dedicado durante muchísimos años a estudiar diversas materias, asistir a Conferencias, Cursos y Congresos. Hemos gastado muchísimo dinero en nuestra preparación, en instalar nuestro Consultorio, en comprar libros y revistas y siempre nos encontramos indagando en nuestras conversaciones con colegas, acerca de los últimos adelantos, poniendo siempre nuestro mayor esfuerzo por que no es fácil obtener información valedera y útil. Después de todo, los libros y revistas no son baratos y muchas veces no sabemos cuáles debemos adquirir ni qué debemos leer, sobre todo cuando recién nos iniciamos y cuántas veces hemos comprado equipos o instrumental que nos han sido prácticamente inútiles.

Hemos utilizado diversos medios para mantenernos al día respecto a los avances técnicos y muchísimas veces hemos asistido a actividades científicas sacrificando nuestros momentos de trabajo y descanso, con un solo objetivo fundamental: ser siempre mejores. Mientras nuestros amigos estaban descansando en la playa, nosotros hemos estado estudiando para dar un servicio profesional de la mejor calidad a quienes han confiado en nosotros: los pacientes. 

En el ejercicio de la Odontología, desafortunadamente intervienen diversos factores que estando fuera de nuestro control y aún predicciones, complican nuestros resultados terapéuticos y determinan que no podamos alcanzar rutinariamente el éxito con todas las personas para lograr que todos queden contentos con nuestro trabajo. La principal razón es que nosotros hacemos Biología y no Matemáticas.

En las profesiones como la Medicina, la Odontología y la Farmacia, no siempre se obtienen los mismos resultados en todas las personas pues existen factores que modifican la respuesta orgánica, como ser la reacción del paciente ante determinadas circunstancias. Esto determina que la resultante orgánica individual sea muchas veces inconstante, ya que la "particularidad de la forma de reacción del organismo",  es la única constante en las profesiones médicas.  Otra circunstancia es lo a veces impredecible de los resultados que obtengamos con los trabajos que ejecutemos.

No existe una relación absolutamente precisa entre lo que esperamos y entre lo que obligatoriamente sucede. No es una norma, pero en algunas oportunidades el organismo reacciona de manera inconstante. Conozco  una persona a quien un excelente  médico le efectuó una apendicectomía con un excelente post‑operatorio inmediato. A los 5 días se le presentó al paciente una tromboflebitis en la pierna izquierda y al hallarse nuevamente internado, hizo un cuadro de embolia pulmonar de la cual felizmente se recuperó. Fue un desafortunado accidente post‑quirúrgico, imprevisible y que si bien tuvo relación con la afección, no fue causada por una mala técnica quirúrgica ni por descuido profesional. La Medicina y la Odontología son así. Por eso se dice que no hay enfermedades sino enfermos ya que no son como las ciencias matemáticas en las cuales siempre la suma de dos más dos es cuatro.

Cuántas veces no nos ha sucedido que hemos hecho una extracción complicadísima y el paciente no presenta ninguna reacción post‑operatoria, mientras en otros hemos hecho una intervención sumamente simple y el paciente regresó lleno de problemas ?. A veces sucede lo que me acaba de consultar una paciente, justamente en el momento que me encuentro escribiendo estas líneas: que su padre había sido atendido por un dentista quien le inyectó anestesia en el maxilar inferior para hacer Operatoria, pero que al señor se le ha presentado un trismus severo y dolor en la zona de la anestesia. Le he explicado que lo sucedido es un desafortunado accidente, que haga tal y tal cosa y que si en tantas horas no tiene el problema resuelto, que consulte con el Dr. Tal de quien le di el teléfono para que él lo atienda en el futuro, porque ese tipo de problema será mejor tratado por él.

En  la percepción final del paciente respecto al éxito de lo que le hayamos ejecutado, también intervienen diversos factores:  el estado de salud que haya mostrado al venir al consultorio, pues siempre unas obturaciones simples quedarán mejor y tendrán resultados mucho más estables y duraderos que si tenemos que efectuar reconstrucciones dentarias sumamente extensas, coronas con reconstrucción con pivots, puentes de metal o de porcelana que abarquen toda una arcada, etc. También influye en el concepto de satisfacción final del paciente, su grado de comprensión respecto a  las posibilidades de éxito que se obtendrán en su caso particular y no porque nosotros no se lo hayamos explicado antes de iniciar cualquier acción de terapia. Sucede que muchísimas personas creen o suponen que somos omnipotentes y omnisapientes y que para tener siempre la boca bien, basta ir al dentista cada 5 años, pagar los honorarios y no darle ningún tipo de mantenimiento a las piezas tratadas o las que permanecen en buenas condiciones. Los elementos de la cavidad bucal al igual que cualquier motor, necesitan mantenimiento constante.

Si uno adquiere un automóvil y no se preocupa nunca ni siquiera de cambiarle el aceite del motor, es fácil prever lo que le sucederá en el transcurso de determinado tiempo, muchas veces corto. 

Es igualmente un factor muy importante en el ejercicio de cualquier profesión médica, las actitudes del paciente frente a lo que el profesional le ejecuta. Recuerdo un caso de una persona a quien un colega le instaló un lindo puente de porcelana de 4 piezas. El paciente llegó a su casa muy contento y lo primero que hizo (para ver el grado de resistencia de la porcelana), fue masticar una pepita del pop‑corn, de esas que no han reventado y que son durísimas y la porcelana lógicamente se hizo trizas. Le pregunto: Quién falló o estuvo mal: el profesional, la porcelana o el paciente ?

Cuando inicio un tratamiento de Ortodoncia, hago que los padres y el niño firmen unas hojas en la que les explico una serie de aspectos básicos muy importantes respecto al trabajo profesional que vamos a ejecutar. Es un compromiso de asistencia regular y de cuidados específicos a cumplir por el paciente durante el tiempo de trabajo previsto. Recuerdo haber atendido a una niña quien presentaba una mordida abierta bastante severa, con cierto compromiso esqueletal, cuya madre era muy simpática pero muy descuidada con sus citas. Me trajo regularmente a la hija para sus controles durante los primeros meses, tiempo en el que  alcanzamos muchos progresos. Después la madre empezó a faltar a las citas y muchas veces tuve que llamar al papá, expresándole que la hija no venía a sus controles. En este ritmo de inasistencias de la pacienta a sus citas, estuvo tal vez durante 1 año más y un buen día me dijo la madre que iba a llevar a su hija a otro profesional por que no veía progresos, que sí los había habido. Sin comentarios.
  
La " frescura " de algunas personas también complican nuestro ejercicio o por lo menos nos causan desagrado. Recuerdo el caso de un señor que vino al consultorio con el fin que determinara las necesidades ortodóncicas de su hija. Estuve con ellos durante 30 minutos o algo más, tiempo en el que hice un diagnóstico inicial a la pacienta, contesté muchísimas preguntas relacionadas con el futuro tratamiento, analizamos las posibilidades de solucionar el caso sin necesidad de hacer extracciones y muchos otros aspectos. Al salir, el padre se acercó al lugar de la recepcionista y preguntó si debía algo. La señorita le expresó el importe de una consulta y él muy tranquilamente le dijo: "Por qué debo pagar si no le ha hecho nada". La respuesta inmediata fue: " No ha estado Ud. ocupando el tiempo del Doctor durante 30 minutos ?. No le ha hecho un Diagnóstico de lo que su hija presenta?. No ha contestado sus preguntas ?. No tiene Ud. ahora una mejor visión de lo que su hija necesita y cómo es que se ejecutará su tratamiento de Ortodoncia ? No vino Ud. para eso?".

Como este " simpático individuo" no supo qué contestar, pagó a disgusto, pero pagó. Indudablemente que si en el futuro llamase para que le ejecute el tratamiento a la hija, simplemente no tomaré el caso.

Otra anécdota es aquella que me sucedió muchísimos años atrás. Vino una señorita muy avanzada en años, quien necesitaba unos trabajos de Operatoria Dental. Cuando apenas se había sentado en el sillón, muy suelta me dijo: " Por si acaso, quiero que sepas que a mí me ha atendido siempre el Dr. Fulano de Tal, quien nunca me cobró. Espero que tú continúes honrando esa costumbre". Yo tranquilamente le contesté, haciéndome el gracioso: "Me imagino que  Ud. habrá sido enamorada del Dr. Tal y por eso no le cobraba. Como Ud. no es todavía mi enamorada, a mí me tendrá que pagar todos mis honorarios". Pagó sin problemas, pero estaremos de acuerdo que cuando un paciente de este tipo, que es capaz de decir lo que expresó esta señorita sale del consultorio, estaremos fastidiados, por decir lo menos.   

También estaremos incómodos con aquel otro paciente que debía traer una cantidad determinada de dinero en una cita o en aquella en la que le dijimos claramente que sería la última, pero que se " olvidó " de traer lo que debía. Es preferible ser siempre muy prudente (por expresar el concepto de alguna manera ) y no avanzar más a prisa que el bolsillo del paciente, pues podemos tener problemas. Con aquellas personas que dicen tranquilamente que ellas acostumbran a pagar al final, cuando se les termine, que su recepcionista o Ud. mismo (por qué no ?), les diga que respetamos su sistema de pago pero que en este consultorio, trabajamos de una manera diferente.

El laboratorista le puede llegar a complicar muchísimo la vida a un dentista. "Doctor, el  técnico no ha venido a trabajar y por eso su trabajo recién va a estar la próxima semana", puede ser una respuesta que escuchemos con cierta frecuencia. Cuando Ud. ha puesto todo su empeño en obtener una impresión y el trabajo no queda bien adaptado, la respuesta natural del técnico puede llegar a ser tan simple como ésta: "Doctor. La impresión no estaba bien tomada". Frases comunes, verdad ?. Quien deberá dar la cara es el dentista porque al paciente poco es lo que le importa que se echó a perder por culpa de quien sea, la impresión que obtuvieron de su boca durante tanto tiempo y por qué no decirlo, con tanto fastidio para él.

También es importante resaltar que nunca se debe expresar que un trabajo va "a quedar perfecto", pues la perfección es sumamente difícil de alcanzar y menos en Odontología.

Nuestro trabajo consiste fundamentalmente en rehabilitar estructuras cambiantes, que se ubican en un sistema funcional muy dinámico en el que las fuerzas de la masticación son muy potentes y frecuentes. Soy un convencido que lo perfecto es enemigo de lo bueno, por lo que me permito aconsejar que siempre se exprese que se va a hacer todo lo posible para lograr los mejores resultados que dadas las circunstancias del paciente, se pueda lograr.

Cuántos de nosotros hemos visto destruirse amalgamas muy bien trabajadas, pero que las fuerzas de un bruxismo  o la intensa capacidad cariogenética del paciente han hecho fracasar. Qué puede hacer un periodoncista que rehabilita clínica o quirúrgicamente  un sistema parodontal, en un paciente que no higieniza adecuadamente su boca, conforme el especialista le indicó con precisión?.

Otra característica de nuestra profesión, es que los dentistas nos convertimos en perfeccionistas y realmente nos molesta que las cosas no queden al cien por ciento, conforme deseamos. Muchas veces el paciente no percibe los pequeños defectos de algún trabajo, pero nosotros sí somos conocedores que las cosas no están como debieran.

Este perfeccionismo nos tensa emocionalmente, pues muchas veces las fallas o errores no dependen de nosotros. A aquel paciente con el que tuvimos tanto cuidado en aislarle el campo operatorio para hacerle una resina y al que le dijimos claramente: " No pases saliva y no hables " y en medio del grabado o cuando estamos con la luz halógena, muy contento nos pregunta " Fuiste al club el fin de semana ? ", mojando toda la superficie de trabajo.

O aquella madre que le dice al niño: "Si te duele como a mí me dolió una vez, avísale al doctor" o "Doctor, lo que es yo, le tengo pánico a todo lo que hacen ustedes" u  "Ojalá no se le rompa la raíz a la muela de mi hijo, ahora que Ud. se le va a extraer" o cualquier otra frase de este tipo que son muy comunes de escucharse en el consultorio, mientras nosotros estamos haciendo nuestro máximo esfuerzo para que todo salga bien.   

Todo esto podría aceptarse como parte de la actividad profesional y si bien cuando nos sucede nos fastidia, podría llegarse a considerar como inevitable, pero existe otro factor que es bastante más mortificante y es el que me referiré a continuación y que no podemos negar que a veces sucede.

He ejercido la Odontología durante más de 28 años y expreso, con seguridad y pena  que no todos nuestros colegas tienen una actitud constante de respeto  hacia los demás dentistas. Algunas veces la crítica destructiva aflora con demasiada facilidad y desacredita injustamente a quien trató de hacer las cosas de la mejor manera posible, inclusive a quien cumplió estrictamente con los procedimientos operatorios correctos, pues a veces esta crítica es gratuita e infundada. No se trata que estemos promoviendo una actitud de encubrir errores ajenos, porque lo que podemos estar observando puede no ser un error profesional sino un fracaso debido en un alto porcentaje a la irresponsabilidad del paciente. Cuando uno detecta una equivocación ajena, es de caballeros ser elegantes y sobre todo, comprensivos del entorno que envolvió  las circunstancias que produjeron un resultado no excelente, fruto del trabajo esmerado de otro profesional. Después de todo, hablando mal jamás se queda bien, pero los comentarios negativos a veces afloran con demasiada facilidad en algunos colegas. Quiero pensar que en pocos, pero que los hay, los hay.

Cuántos de nosotros no hemos tenido pacientes a los que le hemos recomendado hacer 10 obturaciones pero que nos manifiestan  que por razones económicas u otras, solamente le ejecutemos 2 o 3. Cuando ese paciente acude a otro dentista (3, 6 o 10 meses más tarde), el otro profesional no tendrá verdadera razón en expresarle a ese paciente que  cómo es posible que el anterior dentista no le haya detectado esas caries que ya son muy extensas. Muchas veces hemos visto que los pacientes ponen cara de no saber de qué le están hablando y fácilmente le echan la culpa a quien nos antecedió. Las cosas son así de simples.

El paciente no tendrá la franqueza de expresar que no se hizo las obturaciones restantes por que no tuvo dinero o simplemente porque no continuó asistiendo a curarse. Cuando recibo a alguien que me hace comentarios desfavorables de su anterior dentista, realmente prefiero encontrar el modo de no atenderlo, ya que nada me asegura que en el futuro no sea yo a quien acuse la persona de sus problemas. Presentarle honorarios sumamente altos es un buen modo para que no regrese a atenderse. Si lo hace, por lo menos trabajaremos más contentos. 

Otro factor importante de expresar, es la desagradable y por cierto reprobable costumbre que algunos colegas tienen al querer quedar bien con un paciente a quien reciben por primera vez, hablándole desfavorablemente del profesional que lo atendió con anterioridad. Recuerdo una anécdota que me sucedió hace ya como 20 años atrás. Vino al consultorio una señora quien me trajo a su hijita por primera vez. Me comentó que anteriormente había ido a su dentista por 3er. año consecutivo y que la última vez, al examinarla (y obviamente sin acordarse que la niña era su propia paciente), le había preguntado a la mamá que "qué gasfitero" le había realizado los trabajos que tenía la niña en su boca.
Desconcertadísima la madre, le contestó "Ud. mismo Doctor, el año pasado o el anteaño". La madre había residido mucho tiempo en una ciudad muy alejada y recién había venido a Lima hacían 3 años y antes de ese profesional, la hija nunca había tenido caries. La madre había huido despavorida de ese consultorio y con razón. La anécdota es absolutamente verídica.

También recuerdo haber estado asistiendo en una época, felizmente bastante corta, a unas reuniones con un grupo de profesionales que hacían determinada especialidad. Uno de ellos en particular, se regodeaba llevando modelos de pacientes cuyos dentistas habían errado con sus tratamientos. Eran penosos los comentarios que hacía y lo que algunos otros decían, en el deseo de rodearse de una aureola de perfeccionismo y sobre‑capacidad exquisita, que realmente rayaba en el ridículo. Así no se hace profesión ni se merece el respeto ajeno. Aparte, de que no conozco a nadie que sea absolutamente infalible, pues como reza el refrán "solamente no se equivocan Dios y los tontos. Dios porque es Dios y los tontos porque creen que nunca se equivocan".

Voy a referirme a otro tema que es bastante importante. Cuántas veces en mis primeros años, he reflexionado las razones por las que una persona a quien había atendido con muchísimo esmero, no había continuado asistiendo a mi consultorio y esto me hacía reflexionar y preocuparme. Me preguntaba en qué habría fallado, por qué no habría quedado contento el paciente, que tal vez los trabajos que le había ejecutado no habrían quedado bien y una serie de preguntas más.

La respuesta la encontré en mi propia actitud frente a los médicos gastroenterólogos. Lo explico mejor: a los 26 años tuve una úlcera duodenal y fui atendido por un magnífico especialista, quien me curó el problema. Años más tarde, volví a presentar un cuadro semejante y en esa época frecuentaba socialmente a un amigo también especialista a  quien acudí y quien también me resolvió el problema muy bien. 10 años después, volví a hacer otro episodio de úlcera y visité a un antiguo amigo del colegio cuyos hijos estaba atendiendo en mi consultorio. Los tres especialistas fueron y siguen siendo excelentes profesionales, de quienes nunca he tenido  ninguna queja ni desagrado, pero me sigo atendiendo con el último.

Le pregunto a Ud.: Acaso no le ha pasado que habitualmente ha hecho sus compras en determinada firma y de repente, sin que haya habido alguna queja, ha cambiado Ud. de proveedor o ha empezado a comprarle sus materiales o instrumental a otra firma ?. Lo mismo sucede con nosotros, ya que los pacientes también cambian de dentista, de médico o de abogado.

Hace algún tiempo conversaba con un dentista, quien se refería a otro colega. "El Dr. Tal dice que el Ing. X es su paciente y él no sabe que yo lo atiendo hace un año". Aunque pueda parecer curioso, varias veces he recibido alguna vez pacientes que tienen a la vez 2 o 3 dentistas a la vez. Uno le hace Operatoria, a otro le tienen confianza en los procedimientos quirúrgicos y el 3ro. le hace las endodoncias. 

Lo importante siempre será que nosotros pongamos nuestro mayor esfuerzo por hacer las cosas de la mejor manera, para obtener los mejores resultados, pero eso sí, respetémonos siempre pues todos bebemos de la misma fuente. La Ética no es solo referida a lo que los demás hacen, sino que es un parámetro que sirve también para medirnos a nosotros mismos.

Ética proviene del griego "ethos" que significa "costumbre" y Moral proviene del latín  “Mos‑moris" que también significa "costumbre". Respetemos nuestras costumbres y si es necesario modifiquémoslas, pues todos tenemos a la Odontología como actividad cotidiana.  Hagamos un mundo más agradable para todos nosotros, ya que los pacientes son los engranajes de una rueda que se denomina “clientela” y que va de consultorio en consultorio. Pocas serán las personas que nos serán siempre fieles como pacientes, ya que todos tienen el derecho de cambiar de profesional como se cambia de proveedor o abastecedor.

Somos cerca de 7,000 dentistas en el país (cuando escribimos este artículo, 25 años atrás) y las personas también cambian de domicilio, conocen a otros dentistas de quienes se hacen amigos y buscan para atenderse, pero sin desmerecer la atención que les brindamos cuando nosotros fuimos sus dentistas.

Lo mismo sucede con nuestra práctica profesional. Si trabajamos con empeño, obtendremos trabajos esmerados. Todos somos buenos profesionales, lo que pasa es que no somos excelentes en todas las especialidades. Generalmente nos resaltarán los resultados de aquellos trabajos que no nos fueron muy felices, pero son muchísimos los que podemos mostrar con orgullo.

Sepamos aprender de nuestros propios errores, pero no seamos como aquel profesional que las pocas veces que ha expuesto en los Congresos ha sido para presentar casuística en la que otros dentistas pueden haber errado. El presenta resultados estáticos (diapositivas), pero nunca habla del entorno que va acompañando a todo tratamiento.

Por qué, no lo sé. Espero  que los comentarios consignados en estas líneas serán de utilidad a más de uno. Por lo menos a mí me ha sido muy reconfortante haber escrito sobre este tema, que pocas veces se toca.

Dirección del autor: ejerciciodelaodontologia@gmail.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

66. CONTENIDO DEL BLOG

65. RESUMEN DE ANTECEDENTES PROFESIONALES DEL AUTOR

58. GERENCIA EN ODONTOLOGÍA 2: ÉTICA Y MARKETING (Contenido y Prólogo))