52. ME COMPRA UNA PROFITECA ?
ME COMPRA UNA PROFITECA ?
Dr. Jaime Otero
M
Dr. Jaime I.
Otero I.
Estamos absolutamente seguros que Ud. pensará que
estamos desvariando cuando le hemos preguntado si nos compra “una profiteca”.
Comencemos por expresar que es casi seguro que Ud. no sepa qué es “una
profiteca” y esa es ya una razón muy poderosa para no interesarse en absoluto
en aquello que le acabamos de ofrecer.
Si Ud.
supiera qué es “una profiteca”, tal vez su respuesta sería otra y estuviera con
muchos deseos de ser poseedora de una, sin que le preocupe su color. El
problema es que nadie le explicó nunca qué es la bendita “profiteca” y sobre
todo, cuál vendría a ser la necesidad para que gaste su dinero en algo que
nunca le ha sido indispensable y que ni siquiera vislumbra en qué lo podría beneficiar.
“Necesidad” y
“beneficio” son dos conceptos que se desprenden de lo que acabamos de
enunciar. Nunca le fue necesaria una profiteca y realmente no sabe para
qué le va a servir: por eso no le interesa comprar ninguna.
Esto es
exactamente lo que sucede cuando tenemos a algún paciente delante de nosotros y
le sugerimos que nos compre una o dos “profitecas”, (palabras, conceptos,
ideas, etc.) o como queramos llamar a aquellos servicios que a nuestro modesto
y buen entender, le son necesarios (a veces indispensables) al paciente pero
que como le hablamos “en difícil”, como no nos entienden, como no nos detenemos
a explicar y a ilustrar acerca de, en primer lugar, qué es lo que estamos
ofreciendo y en segundo lugar en qué beneficiará esta bendita “profiteca” al
paciente respecto a su estética, su confort funcional y su salud (tres de los
primeros elementos de juicio que tienen las personas cuando deciden ir al
dentista), las cosas no irán por buen camino. No la comprarán por que no les
interesa.
Si fuera del
ámbito profesional nos dicen que una “profiteca” tiene un precio de US $
12,000, menos la compraremos. Si nos enteramos que es un par de bolsas de
plástico usadas, que no nos sirven para nada por que tienen hueco, nuestra
decisión será absolutamente de rechazo por que no somos tontos. Muy distinta
será nuestra decisión si sabemos que “una profiteca” es un paquete de productos
consistente en una casa-habitación de 500 m2. de construcción, ubicada sobre un
terreno de 2,500 m.2 en una de las mejores zonas de Lima y encima, que la casa
de la “profiteca” tiene una piscina de 45 m2 y que adicionalmente recibiremos
un automóvil Datsun de último modelo, completamente equipado. Sin comentarios,
pues tendríamos que ser super tontos si no vemos dónde conseguimos el dinero
para hacernos de esta bendita “profiteca”. El esfuerzo de venta del tercero que
nos la ofrece, pasará a segundo plano frente a nuestra desesperación por
comprarla pues es una ganga.
Vendamos lo
que nosotros conocemos y sabemos que beneficiará a quienes nos visitan en el
consultorio, explicándole al paciente en qué consiste aquello que le estamos
ofreciendo y sobre todo, haciéndole conocer por qué debe comprarnos la
famosa “profiteca”, pues para él o ella, ignorantes de las cosas de la Odontología,
una “profiteca” fonéticamente es exactamente igual que un “implante endodóntico
intraóseo” y eso, si el paciente no sabe qué es, jamás nos lo comprará y tal
vez el paciente se haga el trabajo en el consultorio de otro colega que sí supo
venderle la necesidad y “la profiteca”, tal vez a un precio más caro que el
nuestro pero le dio garantía, concepto o ventaja que a nosotros jamás se nos
ocurrió enunciar como un valor agregado a la “profiteca”.
No venda
profitecas pues Ud. no ha sido preparado como “profitequero”. Le acepto que
tampoco sepa vender muy bien, pero esperamos que este ejemplo lo anime a
estudiar ventas de sus servicios.
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