55. SATISFACCIÓN DE NUESTROS PACIENTES
Dr. Jaime Otero
M.
Dr. Jaime I.
Otero I.
¿ Realmente nos
preocupamos por lograr la satisfacción de nuestros pacientes?
Toda empresa de
salud vive de sus clientes, ya sean estos internos (empleados, colaboradores y
proveedores) o externos (pacientes). De eso a nadie le cabe la menor duda.
Debemos tener siempre la máxima preocupación que los grandes y los pequeños
detalles se mantengan con eficiencia para que todos queden contentos con su
decisión de habernos escogido. Tengamos presente que quien pidió una cita y
vino a su consultorio se tomó el trabajo de hacerlo, gastó dinero en
movilizarse y separó su tiempo para ello.
Los clientes
acuden a nosotros buscando nuestros servicios profesionales, pero existe un
marco muy particular que envuelve el proceso de atención. Satisfacer a todos
los clientes no es fácil desde el momento que algunas personas le dan mucha
importancia a algunos detalles que para otros no lo son relevantes.
Nadie podrá
dudar de la capacidad técnica de quienes prestan sus servicios a quienes lo
soliciten, pero en el camino existente entre la puerta de nuestro centro de
atención y la silla de nuestro consultorio, hay una enorme distancia y un
enorme espacio que debe ser recorrido diariamente por todos quienes nos
solicitan, pero que muchas veces nosotros no la hacemos como profesionales
prestadores del servicio. Una cosa es ser “ vendedor ” de algo y otra muy
distinta, ser “ comprador ”. Muchas veces los profesionales ingresan/mos a los
consultorios por una puerta distinta a la que usan los pacientes y de esa
manera no somos capaces de identificar lo que ellos viven en carne propia.
Siempre hay que
tener presente que los pacientes acuden a recibir atención con ojos muy
distintos a los nuestros. Ellos están observando permanentemente y más aún si
acuden por primera vez.
Les deseamos
relatar una anécdota que nos sucedió en días pasados y notaremos que a veces la
cuerda de la satisfacción del cliente se puede romper de la manera más tonta y
por el sitio donde uno menos piensa. Acompañamos a un familiar que había pedido
una cita en un centro especializado en el que atienden varios doctores.
Solicitó su cita con un médico muy amigo, excelente profesional y mejor
especialista, pero éste estaba muy cargado de trabajo y le dieron la cita con
otro profesional del mismo grupo y del mismo nivel especializado. Todo muy
bien. Fuimos como de simple acompañante, con deseos de observar la experiencia
que viviríamos como pacientes. En ningún momento nos identificamos
personalmente pues deseábamos que todo fuera como “ a cualquier hijo de vecino”
y así fue. Que tome experiencia o consejo quien lo desee y le saque toda la
utilidad posible a lo sucedido.
Entramos al
edificio, todo muy limpio, la señorita de los trámites administrativos muy
bien, el ascensor muy cuidado, la sala de espera amplia, bien decorada, muchos
folletos educativos a disposición de la gente, el personal asistente muy atento
y hasta se apareció un señor que invitaba cafecito. Realmente nos alegramos por
nuestros amigos pues la presentación de impacto era muy positiva en una serie
de aspectos. Estábamos observando y evaluando todo.
Llamaron a
nuestro familiar, entró a la zona de los consultorios. Salió a los dos minutos
por que la iban a pesar. Regresó a la sala de espera. Pasaron cinco o diez
minutos y la volvieron a llamar para que la atendiera el doctor. En ese momento
entró un señor a la sala de espera, amigo de la recepcionista (por la forma
amigable que se saludaron), quien pidió hablar con los dos doctores y lo
hicieron pasar hasta el consultorio de uno de los profesionales. Yo observé
todo pues me había quedado afuera. Mi familiar vio que este señor entraba a aquel
lugar en donde ella iba a ser atendida y en el que se encontraban los doctores.
La hicieron sentar en otra pequeña zona de espera, pero este señor (que no era
paciente), se demoró con los doctores conversando por lo menos entre 15 y 20
minutos y mi familiar esperando y ya llevábamos casi una hora en ritmo de
espera, pues cuando uno espera el reloj avanza sin que nos demos cuenta.
Como el doctor
se demoraba en su conversación privada (que podía ser muy importante pero ese
no era el momento para esa reunión, cuando había varias personas esperando ser
atendidas por los dos doctores que estaban conversando), la señorita le dijo a
mi familiar que el doctor estaba ocupado y que debía salir nuevamente a la sala
de espera anterior y seguir esperando.
Salió mi familiar
y después de unos diez minutos, luego que salió la persona que había ido a
conversar con los doctores, donde se prendió la chispa fue cuando hicieron
pasar para ser atendida, a otra tercera persona que había llegado después de
nosotros. Cuando mi familiar reclamó que ella había llegado antes y que no
entendía lo que estaba pasando, la señorita le dijo que ese señor había llegado
antes que ella (lo cual no era cierto), que ella se había equivocado haciéndola
pasar antes a ella y mil excusas en ese sentido, nada de lo cual satisfizo a mi
familiar. Se hizo el caos. Mi familiar se molestó, puso la cara larga y me dijo
que se iba, que no tenía por qué soportar esa molestia, etc., etc. Nos
retiramos.
Toda la buena
imagen que nos habíamos formado se derrumbó, salimos muy molestos después de
más de una hora de esperar.
Nadie le dijo a
mi familiar que ese señor (de repente y otorgo el beneficio de la duda) iba a
ser atendido por otro de los doctores, que disculpara por su error, sino que
dijo “me equivoqué al hacerla pasar a Ud. antes “, y no “ disculpe por haberlo
hecho pasar a ese señor antes que a Ud. a quien le correspondía”, etc., etc.
La verdad es que
cuando uno está esperando sabe perfectamente quién llegó antes y quién después
y nadie permite que pasen delante de ella sin que le pidan autorización para
ello. No se discute nada si hubiera sido una situación de emergencia o cosas
por el estilo.
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